miércoles, 26 de noviembre de 2014
Un vistazo a la raíz del problema
Mientras el gobierno de Mariano Rajoy termina de cocinar la que será la séptima ley educativa durante la democracia española, las cifras de estudios internacionales acerca del estado del sistema educativo español y sus resultados son realmente alarmantes.
La OCDE alerta de que el nivel de rendimiento de los estudiantes en nuestro país está por debajo de la media (europea) y advierte, también, del gran número de absentismo (el 23, 6% de los jóvenes entre 15 y 29 años ni estudia, ni trabaja).
Lo que ha llamado más mi atención han sido las declaraciones del Ministro de educación, cultura y deporte, José Ignacio Wert, en las que afirmaba que el sistema educativo en España es mediocre.
Ahora es cuando yo me pregunto: ¿se está haciendo algo por mejorarlo o simplemente con adoptar nuevas leyes ponemos un nuevo parche a un problema que se arrastra desde la dictadura?
¿estoy exagerando? Veamos...
La primera reforma educativa en España data de 1857. Ley Moyano.
Como es de suponer en un régimen antiguo, la educación era totalmente elitista, controlada por la iglesia y en castellano. La edad de escolarización obligatoria era de 6 a 9 años.
La siguiente reforma sucedió durante la República, 1931, y se basaba en un modelo escolar democrático y europeizado donde había una separación de la iglesia y la educación; la escuela era pública y se integraban las lenguas de las diferentes comunidades bilingües.
Retrocedemos, como es de suponer, con la reforma franquista de 1939. Vuelta del poder de la iglesia, escuela privada, castellanización. Acción destructora de todo lo que huela a comunismo.
A partir del año 1970 empieza la fiesta, y no, no nos confundamos, no es una fiesta por la caída del régimen autoritario franquista, es la fiesta de vamos a probar con leyes según nos convenga que a estos les da igual. Y así es señores, porque nos ha dado igual, porque nadie se ha preocupado dentro de los partidos políticos de mirar por el alumnado, y desde fuera de los partidos estábamos muy ocupados con la "maravilla" de la transición. Así nos va.
1970, LGE, escolarización obligatoria hasta los 14 años, acercamiento hacia otras lenguas españolas, subvenciones a la escuela privada y reordenación de ciclos formativos.
1990, LOGSE, sistema dual, pública y privada; educación infantil; educación obligatoria hasta los 16 años; nuevos diseños curriculares y formación profesional en alternancia.
LODE, LOCE, LOE, LOMCE...diferente perro (partido político), mismo collar (beneficio propio y no colectivo).
¿Exageraba, pues, cuándo afirmaba que arrastramos problemas desde la dictadura?
En la actualidad, o dicho de otra forma, gracias a la ley Wert, tenemos de nuevo la asignatura de religión, más apoyo a los colegios concertados (que podrán construirse en suelo público), apoyo a colegios de enseñanza diferenciada por sexos y para rematar algo escandalosamente reprobable: quién determina los contenidos curriculares no son las administraciones públicas, sino el propio gobierno. Es decir, ahora viene el señor Wert y sabe más sobre lo que yo debo estudiar que los expertos que llevan años trabajando en el tema. No sé si reír o llorar.
Toda esta inconsistencia en un sistema educativo caduco nos lleva, ahora, a los resultados que analizábamos al principio, con palabras del propio Wert: el sistema educativo español es mediocre, sí, pero nadie está trabajando, a priori, para que mejore.
¿Qué será de nuestro país cuando se hayan ido todos los investigadores por falta de subvenciones o cuando los profesionales mejor capacitados estén contribuyendo en otros países donde se les valore más?. Entonces, y solo entonces, a lo mejor empiezan a pensar los de arriba en que algo han hecho mal y dejan de mirarse el ombligo. O no. Siempre hay otros a los que culpar.
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