martes, 20 de enero de 2015

La escuela moderna


La escuela Moderna fue fundada por Francisco Ferrer Guardia en Barcelona, en la calle Bailén, en el número 56, en 1901. Ferrer, que no poseía conocimientos previos de la pedagogía ni experiencia en la docencia, se exilió a París debido a su enlace con la corriente insurreccional del republicanismo. Es allí donde comienza a enseñar el español y conoce a la señorita Meunier, alumna suya, que tras su muerte lega el dinero necesario para la creación de la escuela de Barcelona.
Características:
La enseñanza en la escuela moderna potencia el libre pensamiento, pretendiendo que los niños y niñas se instruyan justos y libres de todo prejuicio. Para ello se hace hincapié en la coeducación de sexos y adquisición de verdaderos deberes sociales, de conformidad con la justa máxima: No hay deberes sin derechos; no hay derechos sin deberes.

La escuela moderna pretende elevar el valor de la sociedad como colectivo, así pues, insiste en la necesidad de la higiene personal y social, rechaza los exámenes y todo sistema de premios y castigos, abre la escuela a las dinámicas de la vida social y laboral, y organiza actividades de descubrimiento del medio natural.
Una de las características principales es la libertad, una rotura verdaderamente revolucionaria con los métodos tradicionales, considerada como vía fundamental para acceder a la liberación del individuo de cualquier sometimiento.

Los alumnos aprenden mediante juegos y ejercicios al aire libre, y uno de los ejes del aprendizaje lo constituirán sus propias redacciones y comentarios de estas vivencias.

Para completar su obra, la Escuela Moderna ofrece conferencias dominicales, entendidas como una extensión educativa para las familias, contando con el apoyo y la intervención de personajes como Santiago Ramón y Cajal.

Aunque la escuela cerró muy pocos años después, es importante destacar dentro de su legado, no solo como inspiración a otras escuelas (escuelas anarquistas, Escola de Mestres Rosa Sensat de Barcelona, etc) sino uno de los aspectos dentro de los criterios de evaluación. El criterio de centrar el aprendizaje en el trabajo cotidiano, suprimiendo los exámenes tradicionales y cualquier valoración basada en premios o castigos; también el fundamento de uno de los principios inspiradores de los actuales métodos educativos: la evaluación continua, que cuenta con el consenso de una buena parte de la comunidad educativa.


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